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2012-02-14


X Aniversario. Pedro Jorge

Otro amigo, Pedro Jorge nos envía el texto que viene a continuación.
Se le puede seguir en Twitter en @pjorge.


Nacer en el Renacimiento

Envidio a mi hija porque ella vive en el futuro. Ella con sus seis años vive en el mundo en el que me hubiese gustado vivir a mis seis años, vive en un mundo con el que yo podría haber soñado de haber sabido que era posible.

No hablo de uno de los futuros de la ciencia ficción, uno de esos lleno de coches voladores, colonias espaciales y gente vestida de papel de aluminio. Esos futuros fueron siempre fantasías, elucubraciones que expresaban más ansiedades y anhelos de la época que genuinas aspiraciones y que conforman el enfermizo estado de la nostalgia por el futuro. Nunca fueron futuros potenciales. Fueron simples sueños que de haberse plasmado en la realidad se habrían transformado rápidamente en pesadillas.

Pero nuestro presente, que es el futuro de mi yo de seis años, es tan asombrosamente rico, está tan absolutamente lleno de creatividad, ofrece un número tan vasto de posibilidades de todo tipo (y, evidentemente, como todo mundo real, una buena carga de potenciales desastres, de grandes desigualdades y de peligros inminentes) que no puedo evitar sentir envidia. Desde los juguetes que tiene, los dibujos animados que puede ver (que son inmensamente mejores, más inteligentes y creativos que los de mi infancia), los libros de los que puede disfrutar, su mundo es en mucho aspecto más exuberante, más vibrante, más repleto de maravillas y posibilidades. Es un mundo intelectualmente portentoso.

Además, desde el punto de vista de mi hija, no hay límite a la satisfacción de su curiosidad. Ella vive en un mundo donde los teléfonos sirve sobre todo para encontrar vídeos e información sobre aquello que le interesa en un momento dado. Para ella es perfectamente normal el juguete que se puede manipular casi infinitamente, con el que se puede dar riendas sueltas a la creatividad. A su disposición hay herramientas fáciles y baratas que no sólo son de ciencia ficción; son herramientas con las que la ciencia ficción no hubiese podido soñar.

En suma, creo que mi hija ha nacido a comienzos del Renacimiento, que ha nacido en uno de los periodos culturalmente más ricos y extraordinarios de la humanidad. Un mundo lleno de problemas, efectivamente, pero a la vez un mundo que ofrece un número de posibilidades para la expresión que es casi ilimitado. Un mundo que si dura, y es cierto que hay muchas fuerzas actuando en su contra, no podrá evitar ser casi milagroso. Todos los días me topo con asombrosas muestras de ingenio, con fenomenales aplicaciones de las mejores capacidades humanas.

Tampoco es de extrañar. Con miles de millones de seres humanos en el planeta, con tecnologías modernas y con medios de comunicación casi instantáneos, lo lógico es que la creatividad humana se dispare. Tanto es así, que ni siquiera nos damos cuenta, porque tomamos como normal lo que es una situación fuera de lo común. El conjunto es tan abrumador que no sabemos valorar las producciones individuales, que nos parecen normales, parte del paisaje, el conjunto un bosque del que apenas podemos distinguir los árboles.

Nos pasa lo que debía pasarles a los ciudadanos del Renacimiento, que sin duda no eran conscientes de vivir en el Renacimiento. Seguro que pensaban, como tienden a pensarse en todas las época, que ellos vivían al final de un inexorable proceso de decadencia, que sin duda el pasado había sido mejor que su presente. Seguro que se sorprenderían, tanto como nos sorprenderíamos nosotros, de haber llegado a saber que los libros de historia señalarían su época como un momento especial.

Seguro que, al igual que pasa en nuestro mundo, creían vivir en la mediocridad.

Por supuesto, las cosas pueden salir mal. No creo en el progreso inexorable y soy consciente de que este periodo podría ser breve y efímero. Pero igualmente sé que no tiene que ser así. Mis miedos se ven superados por mis esperanzas. Y sueño con que algún día, el equivalente futuro de los libros de historia también señalen lo especial de nuestra época.

Pero más que envidia, siento alegría. Si uno de los dos debía nacer en este mundo, me alegra que sea ella. Lamento las tribulaciones y penalidades del futuro, pero celebro todo lo portentoso que está por llegar. Sueño con que disfrute de una explosión creativa que no soy ni capaz de imaginar.


¡Gracias Pedro!

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Nací en Huesca y vivo en Zaragoza.

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