Reflexiones e Irreflexiones


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2007-05-18


Entrevista a Segio Parra

Algunos recordarán que reseñamos el libro Jitanjáfora, de Sergio Parra. Como había tenido la amabilidad de enviármelo pensé que tal vez tendría la amabilidad de responder a una pequeña entrevista y le mandé unas pocas preguntas. Aquí está el resultado.


- Háblanos de tus datos vitales (de vida): lo que te apetezca que sepan de ti los que lean esta mini-entrevista


Pues no hay mucho que contar: en lo fundamental he llevado una vida más bien anodina. Nací en Barcelona, en 1978, acudí a una guardería con trazas de campo de concentración (en serio, nos ataban en las sillas de cara a la pared, entre otras innombrables tropelías), fui un estudiante regular con diversos altibajos (más bajos que altos), compartí clases con el alumnado más execrable que uno pueda imaginar, en un test psicotécnico que efectuaba mi instituto en colaboración con un gabinete psicológico muy simpático se determinó que estaba justo en el umbral que me separaba de la inteligencia normal (dos puntos menos me hubiesen adscrito a alguna clase de subnormalidad) y crucé de puntillas la facultad de Derecho y la de Filosofía mientras trataba de levantar, junto a un socio y amigo, un emporio sexual, pues ¿qué hay mejor que lucrarse de los tabúes sociales?

Entre las rendijas de tiempo libre que me quedaba entre tanta pérdida de energías, me divertía imaginando historias. Primero las creaba con mis muñecos y otras cosas que hubiera por casa, en plan performance, luego sólo se sucedían en el interior de mi cráneo (cuando ya no era decoroso emplear los juguetes). Más tarde, las dibujé. Y, por último, empecé a escribirlas. Así que, compaginándolo con mis esporádicos y pintorescos empleos retribuidos, intento publicar lo que me dejan (para quienes les apetezca martirizarse leyendo mi bibliografía pormenorizada, les emplazo a que la consulten en mi blog).



- Hay quien dice que los libros contienen trozos de la biografía de su autor. Hay quien dice que eso no es posible. ¿Cuál es tu caso? ¿Qué nos puedes decir sobre ello?


Supongo que hay de todo. En mi caso, que soy de natural perezoso, reconozco que copio literalmente fragmentos de mi día a día o de las biografías de mis allegados para ahorrarme el trabajo de imaginármelo todo. Me he inspirado en conversaciones mantenidas por Chat, he registrado diálogos con mi grabadora, he calcado anécdotas que me han referido en ese sentido, los escritores son como sanguijuelas psíquicas (cuando obramos sobre nosotros mismos, pues, funciona a modo de terapia, como si te purgaras de los malos humores). Todo este material incautado, claro está, debe agitarse bien en la coctelera de la verosimilitud, porque no es lo mismo verismo que realismo. El realismo tiene poco de real, no funciona literariamente: nadie se tragaría ciertos pasajes si antes no les hubiera lavado la cara o les hubiera impreso cierto ritmo.



- Hasta ahora te has dedicado más bien a la fantasía, ¿te ves escribiendo una novela mas 'convencional'?


Quizás antes escribía mucha fantasía y ciencia ficción, pero hoy en día suelo producir más novela convencional o, si me apuras, slipstream, esto es, novela convencional con ligeros toques fantásticos. Lo que sucede es que publicar fuera del género fantástico resulta más espinoso: existen más intereses creados, más ánimo de lucro, más cortedad de miras y más planteamientos periclitados. De todas formas, mi penúltima novela está totalmente alejada del fantástico: se titula La moleskine y muestra la comunicación epistolar entre dos lesbianas con puntos de vista diametralmente opuestos sobre el mundo y su sexualidad. Las gafas de Platón, la primera novela podcast en español (que aún sigo publicando irregularmente), aunque parte de una premisa fantástica (la reencarnación de un viejo esnob y misántropo en una niña recién nacida) se conduce por una trama más bien costumbrista.


- ¿Te gusta escribir o te gusta haber escrito?


Todo este asunto se asemeja sospechosamente al acto de dar a luz.

Cuando las musas te instilan los primeros esbozos de una idea brillante resulta tan orgásmico como el clímax que acompaña a la fecundación. Durante el periodo de embarazo, la idea se va macerando, añadiéndose poco a poco una célula por allí, un rasgo por allá, un aire por acullá. Por un lado, te sientes dichoso por albergar algo tan importante en tus entrañas, hasta te sientes un privilegiado. Aunque, también hay que sobrellevar los efectos secundarios indeseados: sudores fríos, agotamiento físico, sensación de pesadez, ¿seré capaz de dar a luz sin contratiempos? Es un proceso lento, no necesariamente de sólo nueve meses.


Más tarde, dar a luz resulta tan libertador y traumático como plasmar al fin tu idea en una montaña de cuartillas. A veces te gustaría estar a años luz de la sala de partos y de las manos del obstetra, pero también te embarga el sentimiento de que estás creando vida (léase en el mismo tono con el que el doctor Frankenstein aúlla: ¡está vivo, vivoo!).


Finalmente, con tu creación entre los brazos, te invade una mezcla de escepticismo y satisfacción: ¿esto lo he creado yo? ¿Esto ha salido de mí?

Y si el niño sale feo bien, uno siempre dispensa cierto cariño a sus vástagos, por muy defectuosos que hayan nacido.


La cuestión más peliaguda es que, luego, el niño crece y crece hasta hacerse mayor e independiente, y nunca sabes dónde terminará, si dominando el mundo en algún sórdido arrabal. Como leí en un cuento de Ted Chiang, un hijo es como una extremidad de tu cuerpo de la cual conservas los nervios sensores pero del que se han desconectado los nervios motores: sientes cuando se cae al suelo como si tú te hubieras caído al suelo, pero no puedes evitar que se caiga al suelo.


- Tu relación con internet parece intensa. ¿Cuál crees que es la relación de la industria editorial e internet? ¿y los escritores y la red? ¿Qué fue primero, escribir o escribir en internet?


Internet tiene un gran potencial, aún no hemos visto nada, tanto a nivel de distribución de contenidos como de hábitos de lectura. Ya estamos asistiendo a cambios interesantes en la industria musical. Más tarde le tocará, ya le está tocando, al libro. Por el momento, sin embargo, todavía hay mucho que camino por recorrer. Según tengo entendido, España es uno de los pocos países, si no el único, donde Amazon no puede operar vendiendo libros españoles debido al control casi mafiosos que ejercen las distribuidoras patrias: ellos pinchan y cortan y si no te gusta, no hay más alternativa.

En cuanto aparezca un soporte cómodo e indistinguible del formato del libro tradicional donde poder ejercer nuestro derecho a la copia privada y el acceso a la cultura, las cosas empezarán a cambiar a la misma velocidad que han cambiado en la música y el cine.


Pronto, por fin, dejaremos de estar subyugados a un único modelo de negocio, desfasado y atroz, que condena al lector a consumir las obras que quepan físicamente en las estanterías atestadas con los libros con mayor apoyo propagandístico u otros referentes culturares totémicos. La autoedición ya no será una entelequia. Los intermediarios se reducirán a la misma expresión. El libro más vendido, una ilusión del pasado. Quizá estoy siendo demasiado optimista. Tiempo al tiempo.


Por mi parte, mantengo una blog, publico en otras webs, mantengo un podcast, no me importa que mi obra corra libre por las redes P2P, pero aún sigo escribiendo en las mismas libretas cutres de hipermercado en las que me estrené hará unos 10 años. Todavía no sé escribir novelas o cuentos de otra forma que no sea a mano, y me da rabia, porque sé que así ahorraría muchísimo tiempo.


A mano, sí, pero, en honor a la verdad, no escribo con ese aire romántico o bohemio de buhardilla del parisino barrio de Montmartre o algo así, llenando cuadernos moleskine con volutas caligráficas propias de la gótica alemana o la bastardilla. Ni mucho menos. Como ya dije, escribo en libretas cutres, con bolígrafos cutres y en bares cutres. Sí, ésa constituye otra de mis manías: nunca escribo en el mismo lugar, deambulo por la calle hasta que encuentro el runrún reconfortante de fondo que tanto me inspira: el silencio, por el contrario, me bloquea. Esto no es tan raro, Isaac Asimov, por ejemplo, no podía trabajar sin ruido de fondo, y por eso reproducía grabaciones de tormentas o el ruido del tráfico en su despacho, que le estimulaban según el libro que estuviera escribiendo. Y científicamente tiene también una explicación: el ruido nos obliga a concentrarnos, y nuestro cerebro se ve obligado a poner en funcionamiento más neuronas de las que emplea normalmente; esto provoca que los razonamientos también sean más brillantes. Entonces, rodeado del ruido blanco, marrón o de la tonalidad que más me convenga, comienzo a escribir a trompicones, como poseído, con una accidentada caligrafía, y todo termina en algo muy parecido a la línea aserrada del electrocardiograma de un taquicárdico. Luego, ni yo me entiendo. No yo ni una máquina Enigma, estoy convencido.


Al terminar mi jornada peripatética, guardo mis enseres en una maleta que llevo a todas partes (como si fuera el ayudante del presidente de EEUU que custodia los códigos nucleares) y me encierro en casa a transcribir las páginas al ordenador.



- ¿Crees que he dejado sin preguntar algo importante?


Sí, el número premiado para estas Navidades. Pero mis habilidades predictivas son nulas (hasta me gana el ínclito Rappel). Y, aunque lo supiese, nunca lo airearía como hacen otros, así que tampoco, ahora que lo pienso, hubiera sido una pregunta fructífera.

Fuera bromas, considero una pregunta de rigor qué estoy escribiendo actualmente o cuáles son mis proyectos inminentes. Pues bien, contesto: tras finalizar un par de cuentos, ando metido en otra novela de aire fantástico (estoy en la fase de embarazo, ¿recordáis?), que posiblemente será la última del género en bastante tiempo: me apetece desarrollar otro tipo de ideas más convencionales (o más arraigadas a lo real, porque de convencionales tendrán muy poco).




Mientras la hacíamos y antes de publicarla Jitanjáfora ha sido propuesta para el premio de la crica de literatura fantástica.

Esta entrevista es deudora de aquella otra que le hicimos a Daniel Gascón.


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Comentarios

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De: fernand0 Fecha: 2007-05-18 23:04

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De: fernand0 Fecha: 2007-05-24 23:38

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Soy profesor y aquí hablo de internet y de casi cualquier cosa que me interese en cualquier momento.
Nací en Huesca y vivo en Zaragoza.

Se puede ver la página de Fernando Tricas García en la Universidad de Zaragoza donde hay información sobre mis clases, temas de investigación y también información sobre otras actividades como charlas, conferencias, cursos fuera de la universidad...

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